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jueves, 19 de agosto de 2010

Hipócrates

(c. 460 - c. 377 a.C.), el médico más importante de la Antigüedad, considerado el padre de la medicina. Nacido probablemente en la isla de Cos, Grecia, realizó numerosos viajes antes de establecerse definitivamente en la isla para dedicarse a la enseñanza y la práctica de la medicina. Murió en Larissa, Grecia, y poco más se sabe de él. Su nombre se asocia al juramento hipocrático, aunque es muy posible que no fuera el autor del documento. De hecho, de las casi setenta obras que forman parte de la Corpus hippocraticum, es posible que sólo escribiera alrededor de seis. La Corpus hippocraticum probablemente es lo único que queda de la biblioteca médica de la famosa Escuela de Medicina de Cos. Sus enseñanzas, su sentido del distanciamiento y su capacidad para la observación clínica directa quizá influyeran a los autores de esos trabajos y, sin duda, contribuyeron en gran medida a desterrar la superstición de la medicina antigua. Entre las obras más importantes de la Corpus hippocraticum está el Tratado de los aires, las aguas y los lugares (siglo V a. de C.) que, en vez de atribuir un origen divino a las enfermedades, discute sus causas ambientales. Sugiere que consideraciones tales como el clima de una población, el agua o su situación en un lugar en el que los vientos sean favorables son elementos que pueden ayudar al médico a evaluar la salud general de sus habitantes. Otras obras, Tratado del pronóstico y Aforismos, anticiparon la idea, entonces revolucionaria, de que el médico podría predecir la evolución de una enfermedad mediante la observación de un número suficiente de casos. La idea de la medicina preventiva, concebida por primera vez en Régimen y en Régimen en enfermedades agudas, hace hincapié no sólo en la dieta, sino también en el estilo de vida del paciente y en cómo ello influye sobre su estado de salud y convalecencia. La enfermedad sagrada, un tratado sobre la epilepsia, revela el rudimentario conocimiento de la anatomía que imperaba en la antigua Grecia. Se creía que su causa era la falta de aire, transportada al cerebro y las extremidades a través de las venas. En Articulaciones, se describe el uso del llamado banco hipocrático para el tratamiento de las dislocaciones.

viernes, 13 de agosto de 2010

Hegel (Georg Wilhelm Friedrich)

Nació en Stuttgart en 1770. De la filosofía kantiana se derivan dos importantes líneas de pensamiento: la realista, representada por Herbert, y la idealista, mucho más honda y fructífera, que pasa por Fichte y Schelling y culmina en Hegel Éste estudia Filosofía y Teología en Tubinga y ocupa varios puestos notables en la docencia, llegando a ser profesor en Heidelberg, y en Berlín. Es el formulador riguroso del idealismo y su pensamiento se inscribe en gran medida en el ámbito de la Filosofía de la historia. Su obra fundamental es Fenomenología del espíritu (1807). Después de su muerte, sus discípulos publican Filosofía de la Historia universal y Filosofía de la religión. El punto de partida de su pensamiento es el desarrollo de la idea lógica, desarrollo que se hace dialécticamente, es decir, pasando por los estudios de tesis, antítesis y síntesis. La síntesis, a su vez, vuelve a convertirse en tesis, que inicia de nuevo el ciclo. Siempre con este esquema dialéctico, la idea pura, que está al principio, es por su total indeterminación, lo mismo que el no-ser, que la nada. Pero cuando, en el tercer momento, el ser tiene conciencia de su no-ser, surge la síntesis: el devenir. Hasta aquí la idea ha sido objeto de estudio de la lógica. La Filosofía de la Naturaleza persigue el desarrollo de la idea en su ser fuera-de-sí, primero en su exterioridad general, como espacio y tiempo (Matemática), en su exterioridad real, como naturaleza inorgánica (Física) y en su naturaleza viviente (Fisiología). A partir de aquí, comienza el campo de la Filosofía del espíritu. En el organismo animal, la idea, que se ha exteriorizado de sí misma, vuelve a sí misma y se convierte en espíritu, cuyos tres estadios son: el espíritu subjetivo, el espíritu objetivo y el espíritu absoluto. El alma, la conciencia y el espíritu son, a su vez, los tres estadios del espíritu subjetivo. El espíritu objetivo se despliega en el derecho, la moralidad subjetiva y la moralidad objetiva. Por último, el espíritu absoluto se manifiesta, sucesivamente, en intuición (arte), representación (religión) y concepto (filosofía). La filosofía es, pues, para Hegel el último estadio de la evolución de la idea, encarnada en la historia. La historia, por otra parte, viene a ser como un grandioso teatro en el que los pueblos y las personalidades no son sino medios de los que se vale el espíritu del mundo para realizar sus fines; éstos no hacen otra cosa sino jugar un papel prescrito por el conjunto. Su idea del Estado es característica, y ha sido el punto de partida de concepciones totalitarias, algunas de las cuales representan un protagonismo primordial en el mundo contemporáneo. Para Hegel, el Estado encarna y realiza la razón humana universal. Según eso, el Estado perfecto sería aquel en que la voluntad del individuo estuviese de total acuerdo con la voluntad general: esto sería, para Hegel, la libertad perfecta, el fin último de la historia universal. Por eso piensa que la forma o vida más alta de la conciencia es la política, tal como se realiza en la historia de los pueblos y en las diversas civilizaciones. La doctrina hegeliana es un intento de síntesis, de valor universal, de las preocupaciones críticas, metafísicas y teológicas del pensamiento moderno. Pero el sistema hegeliano es ambiguo: el Absoluto es unidad de positivo y negativo, de finito e infinito. Su sistema no resuelve el problema fundamental de relación entre sensibilidad y razón, entre particular y universal. En su concepción, la expresión más elevada de la conciencia no es la religión, sino la política. Su espíritu absoluto es el espíritu del mundo, subordinado al espíritu de cada pueblo y a éste cada individuo. En consecuencia, subordina la religión a la política, y la Iglesia al Estado. La religión, para Hegel, se sitúa a mitad de camino entre filosofía y arte. Su influencia ha sido enorme en el liberalismo dogmático y bíblico, y en el laicismo en general. De la escuela hegeliana derivan los principales movimientos especulativos del s. XIX. Marx aplica la dialéctica hegeliana a las fuerzas económicas y sociales que mueven la historia. Y del mismo modo que Hegel glorifica la guerra entre Estados y naciones como contradicción antitética que mueve la historia así Marx hace de la dialéctica de la lucha de clases entre explotados y explotadores el motor del devenir de la Humanidad (cfr. J. Miguel Ibañez Langlois, El marxismo: visión crítica, Ed. Rialp, Madrid, 1975). Hegel ha sido acusado de ateísmo, lo que no es cierto, pero sitúa la religión entre la filosofía y el arte, porque permanece aún ligada a la imagen y es, por eso, inferior a la filosofía. Murió en Berlín el 14 de noviembre de 1831.

jueves, 20 de mayo de 2010

Kant (Immanuel)

Nació en Königsberg el 22 de abril de 1724. Es posiblemente el mayor pensador de la Edad Moderna. Su doctrina, en cualquier caso, ha sido decisiva para el rumbo de la Filosofía posterior. Su vida transcurre en su ciudad natal, de la que casi nunca sale llevando una existencia más bien difícil y modesta aun cuando llega a alcanzar bastante renombre. Su Crítica de la razón pura, aparece en 1781, y diez años después se cuentan casi doscientos escritos sobre su filosofía. El propósito de Kant es mediar entre las posiciones encontradas de sus predecesores: su filosofía quiere ser crítica. Trata, en suma, de confirmar la validez objetiva del conocimiento defendida por el racionalismo, pero limita esta validez al mundo de los fenómenos, aceptando así, del empirismo, la subjetividad del conocimiento. Hume había señalado dos tipos de juicios: analíticos a priori y sintéticos a posteriori, que Kant estima insuficientes para fundamentar la ciencia. Los primeros no añaden nada nuevo al conocimiento, sólo lo explicitan; los segundos no son universales y dependen de la experiencia. Kant es autor de un sistema que significó una verdadera revolución en la filosofía. Se propuso suministrar a la crítica todos los conocimientos humanos (de donde su doctrina tomó el nombre de criticismo). Distingue en nuestros conocimientos dos partes: una, que pertenece a los objetos del pensamiento y que nos es dado por la experiencia, es lo que se designa como materia objetivo; la otra, que pertenece al sujeto pensante y que el espíritu saca de su propio fundamento para ayudar a lo dado por la experiencia es la forma, lo subjetivo. La razón aplica la forma a la materia como el sello da su forma a la cera. Kant hace la enumeración de estas formas que son inherentes a la razón humana, y que él designa indiferentemente, ideas a priori, ideas puras, categóricas; en primer lugar, coloca las ideas de tiempo, de espacio, de substancia, de causa, de unidad de existencia. Se pregunta luego cuál es el valor de nuestros conocimientos y si podemos legítimamente pasar del sujeto al objeto; declara que no podemos conocer directamente lo que nos es dado por la experiencia, que todo el resto es simplemente un objeto de fe o de creencia, y que por lo tanto, nuestras ideas de alma, de universo, de Dios, no tienen ninguna certidumbre objetiva. No obstante, por una favorable contradicción, acepta en moral a la razón humana una autoridad que le rehúsa en metafísica; allí él cree en la libertad, en la ley imperativa del deber, en la necesidad de una armonía entre el bien y la virtud, y así se ve llevado a restablecer como indudables las verdades que están implícitas en ellas, la existencia de Dios y la inmortalidad del alma. En moral, este filósofo enseña una doctrina rígida, fundada sobre la idea del bien absoluto y que llama estoicismo. La obligatoriedad de la ley moral radica en su forma, no en su contenido. Es el imperativo categórico: "obra siempre de tal modo que la norma de tu acción pueda tener validez universal". Las ideas de alma y de Dios deben ser admitidas como postulados de la razón práctica. El hombre tiene que ser libre. De otro modo carecería de sentido el imperativo categórico, si debemos ser libres es porque podemos serlo. Ello exige una recompensa, que no se alcanza en la vida. Es necesaria la inmortalidad. Por último, todo lo anterior tampoco tendría sentido sin la existencia de Dios, un ser justiciero, distribuidor de recompensas y castigos. De este modo, el orden moral debe ser aceptado, pero hay que renunciar a conocerlo. En la tercera de sus grandes obras, Crítica del juicio (1790), considera el juicio como una facultad intermedia entre el entendimiento y la razón, es decir, constituye el puente entre lo fenoménico y lo trascendente. El paso se realiza a través del "juicio reflexionante", tanto "estético" como "teológico". El examen del juicio estético revela los elementos a priori del sentimiento. La investigación estética conjuga la espontaneidad y la libertad con la universalidad exigida por una rigurosa apreciación de la belleza. El problema se resuelve con la "finalidad sin fin": la finalidad de la obra de arte no es objetiva, porque no pertenece a la obra de arte misma, sino al espectador que la aprecia, es decir, es una finalidad subjetiva. La profundización de su filosofía crítica, expuesta en las obras citadas, la realiza Kant en el opúsculo Sobre un descubrimiento, según el cual toda nueva crítica de la razón pura debe ser hecha inútil por otra más antigua (1790), en el que subraya la originalidad de su doctrina respecto a Leibniz; en Metafísica de las costumbres (1797) y en la incompleta Tránsito de los principios metafísicos de la ciencia natural a la Física. Las principales corrientes filosóficas de los s. XIX-XX, sobre todo el idealismo alemán (Fichte, Schelling, Hegel), son deudoras de los planteamientos kantianos. El idealismo trascendente de Kant basa el conocimiento no en lo dado a nosotros, sino en lo puesto por nosotros. Kant dejó una gran cantidad de obras referidas a diferentes temas: Ensayo de antropología, La religión de acuerdo con la razón, Ensayo sobre la paz perpetua, Principios metafísicos de la ciencia del Derecho, Principios metafísicos de la moral, Manual de lógica, y un Tratado de pedagogía. Entre las obras científicas: Historia natural del mundo y teoría del cielo según los principios de Newton, Teoría de los vientos, Nueva teoría del movimiento y del reposo de los cuerpos, etc. Murió el 12 de febrero de 1804.