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martes, 7 de septiembre de 2010

Zoroastro

(c. 630 a.C.-550 a.C.), profeta de la religión persa y fundador del zoroastrismo. Zoroastro (llamado Zaratustra en persa antiguo) nació en el seno de una familia noble, los Spitama, en Airyana Vaejah, al este de Persia, acaso durante el periodo precedente al de los reyes aqueménidas, aunque se han sugerido fechas anteriores. Se cree que fue sacerdote y que desde la juventud empezó a recibir las revelaciones de Ahura Mazda ('Señor del conocimiento'). Sus conversaciones con esta divinidad, y sus dificultades para predicar, están recogidas en las Gathas, que forman parte de las escrituras sagradas llamadas Avesta. Al parecer, después de años de lucha con los sacerdotes de los cultos establecidos (tiempo durante el cual realizó sus primeras conversiones, incluyendo a algunos de sus propios familiares) logró el apoyo definitivo en Vishtaspa, rey de Chorasmia (hoy el Turkestán ruso). A partir de entonces su religión se expansionó y prohibió los ritos orgiásticos que acompañaban los sacrificios persas a los dioses, aunque mantuvo el culto al fuego. También prohibió el sacrificio a Ahriman y su séquito, antes divinidades subordinadas del panteón persa, que Zoroastro convirtió en los principios del mal de su nuevo credo. El país de Zoroastro era montañoso y vivía de la cría del ganado, que se consideraba sagrado. A través de su religión, quiso unir los rebaños contra los merodeadores y los practicantes de ciertos cultos del sacrificio. De todos modos, la profundidad intelectual de su religión influyó en el pensamiento occidental, y Platón, Aristóteles y otros pensadores griegos se interesaron por sus doctrinas. También es probable que las ideas de Zoroastro influyeran en la demonología, la angeología y la escatología judeocristianas, pues se han apreciado influencias suyas en el Manual de disciplina encontrado en los manuscritos del mar Muerto. Su principal contribución consistió en la creación de un credo monoteísta de dualismo ético que sería exacerbado por los maestros posteriores. No negó la existencia del panteón tradicional persa, pero dejó claro que sólo Ahura Mazda era digno de culto. También declaró que uno de los hijos de Ahura Mazda, Ahriman, optó por convertirse en demonio, dividiendo así el mundo en los principios enfrentados del bien y el mal. Estos dos elementos prefiguran gran parte de la posterior especulación ética y religiosa universal.