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viernes, 6 de mayo de 2011

Valentín

El Gnóstico (siglo II d. C.), filósofo religioso, fundador de una de las sectas más importantes del gnosticismo. Nacido en Egipto y educado en Alejandría, se estableció en Roma durante el pontificado del papa Higinio en el segundo cuarto del siglo II, enseñó en esta ciudad durante más de veinte años, y consiguió gran reputación por su elocuencia y poderosa inteligencia, que le granjearon muchos seguidores. Según el teólogo Tertuliano, Valentín rompió con la Iglesia cristiana y dejó Roma después de rechazar el cargo de obispo. Siguió desarrollando sus doctrinas, es probable que en Chipre. Sus seguidores ampliaron sus enseñanzas y se escindieron en dos escuelas, una asentada en Italia y la otra en Alejandría. Las primeras fuentes de la doctrina de Valentín son citas fragmentarias recogidas en la obra de sus oponentes cristianos ortodoxos y un texto copto, Evangelio de la verdad, descubierto en Nag-Hammadi (Egipto), que está considerado como una traducción de una obra original de Valentín. Su sistema refleja la influencia del platonismo y del dualismo oriental (zoroastrismo) tanto como del cristianismo. Dio por sentado la existencia de un reino espiritual (pleroma), que consiste en una sucesión de eones (del griego, ‘emanaciones’) que evolucionaban a partir de un ser original divino. El eón Sofía (del griego, ‘sabiduría’) produce un demiurgo (identificado con el Dios del Antiguo Testamento) creador del Universo material, malo en esencia, en el que las almas humanas, que en principio formaban parte del reino espiritual, se encuentran encarceladas. El eón Cristo se unió con el hombre Jesús para aportar el conocimiento (gnosis) redentor del reino divino a la humanidad. Solamente los seres humanos más espirituales, los gnósticos, están capacitados de una forma plena para recibir esta revelación y, por lo tanto, regresar al reino espiritual después de la muerte. Los demás cristianos sólo pueden alcanzar el reino del demiurgo; los paganos, absorbidos en la existencia material, están predestinados a la condenación eterna.

viernes, 14 de enero de 2011

Jesucristo

Segunda persona de la Santísima Trinidad. Nombre del Redentor, del Hijo del Dios hecho hombre para redimir al género humano, Jesucristo, hijo de Dios hecho hombre según los Evangelios, el Mesías anunciado por los profetas, nació de la Virgen María en Belén, en el reinado de Augusto, predicó la religión de la paz y del amor, y, perseguido por los sacerdotes y fariseos, murió crucificado el año 33, durante el reinado de Tiberio. Después de su resurrección, instauró a Pedro como primado de su iglesia, quien junto con los discípulos que Él había escogido, predicaron su doctrina por todo el mundo entonces conocido. La historia de la salvación de la Humanidad empieza con Él y acabará con Él. Todo el Antiguo Testamento es una referencia continua hacia el Mesías que habrá de venir. El anuncio de su venida lo hace Dios Padre a Adán, cuando pone enemistad entre la serpiente y la mujer. Más tarde, la figura del Mesías se repite en labios de todos los profetas. Durante los días que preceden a la venida del Salvador, adquiere un nuevo relieve. Se produce entonces una revitalización del judaísmo, el cual estaba articulado por tres grandes grupos: los fariseos, los saduceos y los esenios. Los primeros son los observadores cuidadosos de la Ley y los profetas; creen en la vida ultraterrena; les ayudan los escribas, intelectuales que hacen del estudio de la Ley su profesión. Sus rivales son los saduceos, especie de aristocracia conservadora que controla el Templo de Jerusalén y desprecia la interpretación de la Ley hecha por los fariseos. Junto a los anteriores, los esenios viven en el desierto en comunidades eremíticas predicando la conversión ante un juicio próximo del mundo. A todos ellos es común la esperanza de una nueva sociedad pacífica y próspera, inaugurada por el Mesías y similar a la que tuvo Israel bajo los reinados de David y Salomón. Desde el 63 a. C. Palestina ha caído bajo el Imperio romano, gobernado sucesivamente en tiempos de Jesucristo por Augusto y Tiberio. Roma concede una cierta libertad a los judíos, pero estos añoran los tiempos de David. Unos 600 años antes de nuestra era, dicho reino había sido dominado por los babilonios, y el Templo, destruido. Posteriormente, cae bajo el dominio de los persas, de Alejandro Magno y de los reinos helenos creados a la muerte de éste. Durante el s. II a. C., los seléucidas intentan imponer a los judíos los modos de vida griegos. Los judíos conocen una temporada de cierta independencia, por vez primera en 400 años, con el advenimiento de los Macabeos. Pero en tiempo de los romanos, la dinastía macabea es sustituida por una línea sucesoria no judía, cuya figura más sobresaliente es Herodes el Grande. Su reinado comienza el 37 a. C. y durante él nace Jesús. Herodes embellece el Templo y da cierta prosperidad a los judíos. A su muerte, el reino queda dividido. Su hijo Herodes Antipas recibe Galilea, al Norte. Samaria y Judea, al Sur, quedan bajo el dominio directo de un procurador romano. Roma permite a los judíos la existencia de ciertas instituciones para la administración de sus asuntos internos. La principal de ellas es el Sanedrín, que queda abolido durante la insurrección del 66, cuando el Templo es destruido definitivamente. Todas estas circunstancias explican que los judíos esperasen la llegada de un Mesías eminentemente político, de un caudillo militar. Explican también el celo con que Herodes el Grande hace asesinar a los niños inocentes durante los días del nacimiento de Jesús. S. Lucas (2, 1- 21) describe el nacimiento del Salvador y narra cómo José y María hubieron de trasladarse desde Nazaret a Belén para empadronarse. Asi, como lo predijera Miqueas, el nacimiento del Mesías se verifica en Belén, la ciudad del rey David. Aparte de los signos sobrenaturales que acompañan los primeros días del Salvador en la tierra, sus primeros 30 años apenas se distinguen de lo que podría ser la vida de cualquier otro judío de su tiempo: trabaja en el mismo oficio artesanal que lo hiciera S. José, en Nazaret. Si acaso, estos años están más bien marcados por una vida humilde y económicamente ajustada, nada propia de un futuro Mesías de Israel. El lenguaje de Jesucristo es el arameo, dialecto sirio próximo a la lengua hebrea, pero que había sustituido a ésta en aquellos tiempos. Sin embargo, Jesucristo habría aprendido también el hebreo al contacto con los textos bíblicos. Los Evangelios nos dicen que contaba unos 30 años al iniciar su vida pública en Galilea. Después de su bautismo a orillas del Jordán, emprende la predicación comenzando por su propia ciudad, Nazaret, en donde es despreciado. Posteriormente, le encontramos en Cafarnaúm, a orillas del lago Tiberíades, en donde probablemente conoce a Simón Pedro. En una montaña, quizá también cerca del lago, elige a los 12 apóstoles. Al hablar Cristo de su Reino, que identifica con el de Dios o de los cielos, anuncia que durará hasta la consumación de los siglos (Mt 13, 39-41), y prevé que su obra se va a continuar en una sociedad organizada jerárquicamente, a la que llama Iglesia, identificándola con el Reino de los cielos: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos" (Mt 16, 18). Jesucristo, al configurar la futura sociedad religiosa, no piensa en una sociedad amorfa, sino que confiere a los Doce el poder de "atar y desatar", es decir, de imponer preceptos y de dispensarlos (Mt 18, 18). Jesucristo predica frecuentemente en las sinagogas, pero poco a poco las gentes acuden a Él de todas partes. Le llevan los enfermos y endemoniados para que los cure. Jesucristo, además de sanarles, les perdona los pecados. Es este último hecho el que mueve a los fariseos a buscar su muerte, pues sólo Dios puede perdonar los pecados, y Jesucristo se declara abiertamente (sus obras lo confirman) el Hijo de Dios. Durante el tercer año de su predicación, llega a Jerusalén, consciente de que allí será crucificado. Por más que anuncia este hecho a sus discípulos, ellos no consiguen entenderle. En la víspera de ser entregado, realizando la Última Cena con sus discípulos, instituye la Eucaristía, sacramento de su Cuerpo y de su Sangre, como perpetuo memorial de la Pasión que sufrirá: cada vez que ésta se realice a lo largo de los siglos, se renovará incruentamente, de modo verdadero y real, el sacrificio redentor del Calvario; dicta también en esta ocasión el mandatum novum, el mandato del amor fraterno. Terminada la Cena, se traslada con sus discípulos al huerto de Getsemaní, donde espera en oración agonizante el momento del prendimiento. Jesucristo es apresado en la noche del jueves al viernes, la madrugada del viernes se celebran los juicios en casa de Anás y en casa de Caifás; ya de mañana. Pilato no viendo ningún delito en Jesucristo, le remite a Herodes, que le devuelve al procurador para que dicte sentencia; es aún de mañana cuando Jesucristo, azotado y coronado de espinas, carga con la Cruz camino del Calvario. Muere horas después, en la hora nona, hacia las tres de la tarde. La ruina, el abandono y el desconcierto de los Apóstoles es total. También ellos están erróneamente convencidos de su misión temporal. Tan solo Juan, el más espiritual de todos, permanece al pie de la Cruz junto a la Virgen María. Esa misma tarde, los que le han sido fieles en la hora de la prueba, descienden a Jesucristo de la Cruz y le entierran en un cercano sepulcro, propiedad de José de Arimatea. Las santas mujeres compran aromas para volver a embalsamarle. La fiesta sabática de los judíos señala un compás de espera en los hechos que componen el momento central de la historia. Cuando asoman las primeras luces del domingo, primer día de la semana, María Magdalena y María la de Santiago acuden al sepulcro del Señor, hallándolo vacío. Un joven vestido de blanco y sentado a la derecha, les anuncia que Jesucristo ha resucitado. Ellas corren a comunicárselo a los Apóstoles. Juan y Pedro se llegan al sepulcro para confirmarlo. Al entrar en él, Pedro se encuentra los lienzos allí colocados; y el sudario que había estado sobre su cabeza, envuelto aparte. Una vez vueltos a casa, el Evangelio de S. Juan dice que María Magdalena se queda llorando junto al sepulcro y que, al inclinarse sobre él, ve a dos ángeles sentados a la cabecera y a los pies de donde había estado Jesucristo. Al volver la cabeza atrás, ve a un hombre al que confunde con el hortelano. Pero en ese momento, Jesucristo se da a conocer y le llama por su nombre. María corre a contarles la escena a los Apóstoles. En ese mismo día, Jesucristo se aparece a los dos discípulos de Emaús, y por la tarde, a los Apóstoles, entre los que no se encuentra Tomás. Jesucristo corrige la incredulidad de Tomás en una segunda aparición, ocho días más tarde. La tercera se produce junto al mar de Tiberíades. Allí le hace confesar a Pedro su amor hacia Él, le confirma su primacía sobre los Apóstoles y le anuncia su martirio. A continuación, les lleva a Betania y, mientras les bendice, asciende al cielo, desde el llamado monte de los Olivos: una nube le ocultó de sus discípulos. Toda la vida de Jesucristo está orientada a devolver a los hombres la amistad con Dios Padre, interrumpida por el pecado de Adán. Pero incluso la nueva Alianza será más plena porque, por medio de su Pasión, eleva a los hombres a la categoría de Hijos de Dios, inaugurando la nueva era de la Humanidad. Si el hombre fue uno por su origen en Adán, es también uno por su redención en Cristo. Por un hombre ha venido el pecado y la muerte; y también por un hombre ha venido la justicia y la vida. El primer hombre fue formado de la tierra y era alma viviente; éste fue el padre de la Humanidad caída, la cual pecó como él y fue condenada a la muerte. Pero el segundo hombre viene del cielo, es el Verbo de Dios hecho hombre, y que por su resurrección vino a ser espíritu vivificante; el segundo hombre, Cristo, es cabeza de la Iglesia y de toda la humanidad redimida: por Él "son vivificados" los hombres, que le pertenecen. Se trata de toda una nueva existencia cuya base es el Bautismo, posibilitado por la Encarnación del Verbo. De la ofensa inferida a Dios por Adán y Eva sólo podíamos ser rescatados por una reparación correspondiente, esto es, por el sacrificio del mismo Hijo de Dios, Jesucristo el nuevo Adán, que se ofrece al Padre, como víctima pura y santa.

viernes, 22 de octubre de 2010

Krishna

En la mitología del hinduismo un avatar, o encarnación, del dios Visnú, pero para muchos devotos se trata del Dios supremo y salvador universal, no limitado por el tiempo o el espacio. Históricamente se fueron asimilando una serie de diferentes cultos 'Krishna', y de ahí surgió un dios con numerosos aspectos. Entre estos están Krishna "el ladrón de mantequilla", un niño travieso pero encantador (asociado a la ciudad de Vrindaban, al sur de Delhi), y Krishna el de la piel azul, dios pastoral que toca la flauta (el significado literal del nombre krishna es "oscuro" o "negro"). Sus dos aspectos más importantes para la historia del budismo son, sin embargo, la de un protagonista del épico Mahabharata, y la de un dios vaquero, el amado de las ordeñadoras. El guerrero de ambigüedad moral, el Krishna del poema épico Mahabharata, puede ser una combinación de dos héroes tribales. Pero desempeña, como auriga de Arjuna, el papel principal del célebre episodio del Mahabharata, la "Canción del señor" o Bhagavad-Gita (siendo Krishna el 'señor' en cuestión). Aquí expone varias vías para la liberación, pero lo más significativo es que se revela a sí mismo como Dios omnipotente. Dios (Krishna) es, por lo tanto, el único actor real en el universo y el único objeto posible de devoción. Él, a su vez, responde al amor de sus devotos. El Bhagavad-Gita es quizá el texto hindú más popular, aunque sea crucial para los Vaishnavas, que identifican el Krishna del Gita con Visnú, su gran dios. En tanto que la devoción (bhakti) recomendada por el Gita es moderada, la asociada con Krishna el vaquero resulta muy intensa en el plano emocional y erótico. Esta relación amorosa entre Dios y sus devotos (típicamente descrita como "amor en separación") aparece representada en los relatos populares de los encuentros de Krishna con las ordeñadoras casadas (gopis) y en especial con Radha. Estas historias dieron lugar a una importante literatura, en la que destaca Bhagavata Purana, en el siglo IX, y Gitagovinda, "Canción del vaquero", en el siglo XII, de Jayadeba. Se convirtieron además en un tema favorito de representación artística y teatral, a medida que se introducía en India el culto de Krishna. Dos importantes figuras en el desarrollo teológico y sectario posterior de la devoción de Krishna, activas ambas en el siglo XVI, son el bengalí Caitanya y el indio Vallabhacaraya. El movimiento contemporáneo "Hare Krishna" (International Society For Krishna Consciousness), traído a Occidente en 1965 por A. C. Bhaktivedanta Swami, procede de la forma de devoción a Krishna establecida por Caitanya.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Tomás de Kempis

(c.1379-1471), monje y escritor alemán aceptado por lo general como autor de Imitación de Cristo, un devocionario que gozó de una muy extendida influencia. Tomás Hemerken nació en Kempen, Prusia, y estudió en Deventer, en los Países Bajos. En 1407 ingresó en el monasterio de los agustinos de Mount St Agnes, cerca de Zwolle, en los Países Bajos y se ordenó sacerdote en 1413. La mayor parte de su larga vida transcurrió en la reclusión del claustro, donde trabajó copiando manuscritos, asesorando y escribiendo. Sus obras son representativas de la devotio moderna, un movimiento de reforma espiritual centrado en los Países Bajos que subrayó ante todo el ejemplo moral de Cristo. También escribió sermones, biografías religiosas y otros devocionarios para los jóvenes.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Pablo Apóstol (San)

Nace en Tarso en el año 5 d.C. de padres judíos nacionalizados romanos. Apóstol de los gentiles. Educado en la tradición farisaica por Gamaliel, nieto del rabino Hillel aprende a trabajar el cuero. Fue también llamado Saulo, quizá por pertenecer a la tribu del primer rey de Israel, Saúl, además de Pablo (era frecuente un segundo nombre, que fuese menos raro al oído griego y presentase una cierta semejanza con el nombre hebreo). Judío fogoso, presencia complacido la lapidación de S. Esteban. En su actividad persecutoria actuaba de buena fe, en completa ignorancia, realizando de manera casi única la previsión de Jesús sobre los perseguidores convencidos de honrar a Dios, matando a sus discípulos. Obtiene poder para perseguir a los cristianos de Damasco (actual Dimasq siria), cuando yendo en camino le rodea una luz, cae cegado en tierra y escucha una voz que le dice: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?, duro empeño es para ti dar coces contra el aguijón". Es la voz de Jesús, que le llama a convertirse y a entregarse al apostolado. Bautizado, recobra la vista. Comienza a predicar en las sinagogas y tres años después es presentado a Pedro y Santiago en Jerusalén (actual Yerusalaym israelí; al-Fuds, para los árabes). Marcha a Tarso, donde recibe el encargo divino de evangelizar a los gentiles. Colabora fructíferamente con Bernabé en Antioquía (actual Antakya turca), durante un año. A partir de entonces, inicia sus 12 años de viajes apostólicos. En el primero (ca. 45) va a Chipre. Le acompañan Bernabé y Juan Marcos, el Evangelista. En Listra (actual Zoldera) son apedreados. Finalizado el viaje, acude al concilio de Jerusalén, en el que se decide la independencia de los gentiles respecto a la ley mosaica. Grupos de cristianos judaizantes intentan mantener la vigencia de los antiguos ritos, entre ellos el de la circuncisión, pero el concilio de Jerusalén sanciona su no obligatoriedad: los cristianos de origen judío pueden seguir practicándola si lo desean, pero no pueden en modo alguno imponerla a los demás. Con la llegada de Cristo y la institución del Bautismo, la necesidad de la circuncisión desaparece, y ese rito se nos presenta como símbolo que anunciaba algo que lo supera: el Bautismo cristiano. En el segundo viaje (ca. 50), Pablo llega a Corinto. Visita las comunidades fundadas anteriormente, funda las macedónicas, pero fracasa en Atenas. Le acompañan Silas, Timoteo y, tal vez por poco tiempo, S. Lucas. En el tercer viaje (ca. 53) visita Galacia (en la actual Anatolia turca). Trabaja tres años en Efeso (actual Selçuk turca) y viaja a Corinto. Desde Acaya (al Norte del Peloponeso) vuelve a Jerusalén, pasando por Filipos (en Macedonia), Tróade (antigua Troya, actual Hissarlik turca) y Mileto (actual Balat turca). Durante este viaje escribe las epístolas más importantes. En Jerusalén está a punto de morir apedreado. Apela al César y es llevado a Roma bajo custodia militar (ca. 60). La relativa libertad de que allí goza le permite evangelizar y escribir ampliamente. Es declarado inocente. Realiza otros viajes posteriores, y en Tróade es arrestado de nuevo y tratado como delincuente. Vuelto a Roma, es encarcelado con los malhechores comunes y, probablemente, decapitado. Dotado de una inteligencia aguda y estructurada, y de un gran sentido práctico, sabe animar y reprender con autoridad, sin perder la simpatía. Expone con claridad tanto los dogmas fundamentales como los pormenores de la moral cristiana, iluminando la doctrina con los datos que entresaca del A. T. El núcleo de su predicación es la llamada de todos los hombres a la santidad, fruto del sacrificio voluntario del Redentor, y la comunión de vida de los hombres con Dios, que se realiza en el seno de la Iglesia, merced a la acción del Espíritu Santo. Pablo gana a los hombres para Dios con su perseverancia, su oración y su mortificación, y es precisamente en la debilidad y en la Cruz, que acentúan su sentido de la filiación divina, donde encuentra la fuerza para realizar su apostolado. No pocos consideran la visión de Damasco básica en la teología paulina, explicando el fuerte relieve que tiene en su enseñanza la doctrina de la Gracia, concedida por pura benevolencia de Dios al hombre pecador. Nace en el alma de Pablo, en esta ocasión, el germen de la universalidad cristiana, en cuanto que la salvación por la fe era ofrecida igualmente al viejo pueblo de Dios y a los paganos. En esta visión que le convierte, Pablo toma también contacto con Cristo crucificado y resucitado, intuyendo de improviso, por una gracia especial, la relación de estos dos aspectos tan contrapuestos en el mesianismo judío. El escándalo de la Cruz se cambia en un título de orgullo, causa de salvación y de resurrección. La teología de Pablo es sobre todo una teología de Cristo muerto y resucitado. La doctrina enunciada por Pablo queda expuesta en sus 14 epístolas: una a los Romanos, dos a los Corintios, una a los Gálatas, una a los Efesios, una a los Filipenses, una a los Colosenses, dos a los Tesalonicenses dos a Timoteo, una a Tito, una a Filemón y una a los Hebreos. La Iglesia celebra su fiesta el 29 junio, su Conversión (25 ene.) y la Dedicación de la Basílica Ostiense (18 noviembre). La iconografía pictórica ha preferido siempre el episodio de su conversión, camino de Damasco. Murió en Roma en el año 67.

lunes, 30 de agosto de 2010

Buda

Nace en Kapilavstu en en año 563 a.C. Fundador del budismo, al nacer se le impone el nombre de Sidharta. Pertenecia al clan de los Shakya, rama de una casta, los Kshatriya, que gobernaba una pequeña confederación de tribus. Buda nace al Sur del Nepal. Según la tradición, está predestinado a ser un emperador o un gran maestro. Su padre, Shudhodana, decide que su hijo le suceda en el cargo, y le priva de la visión de la miseria terrenal. Buda crece en un ambiente lujoso y disfruta de una excelente salud. Su inteligencia es igualmente privilegiada. Según las costumbres de su entorno, se casa a los 16 años con su prima Yashodhara, de la cual nace su hijo Rahula. Dice la tradición que obtendrá a su esposa después de un combate en el que derrota a todos sus adversarios. Tiene además tres concubinas, pero su espíritu reflexivo le lleva a no contentarse con la vida que lleva. Parece que su primera crisis existencial coincide con el nacimiento de su primer hijo. A pesar de los esfuerzos de su padre para ocultarle la realidad, Buda descubre durante un paseo los cuatro símbolos que determinarán su vida: un viejo decrépito, un enfermo, un cadáver y un monje errante. La leyenda dice que son cuatro dioses disfrazados. Tiene 29 años. Llega a la conclusión de que, si existe la metempsicosis (reencarnación tras la muerte), el sufrimiento es eterno. Su misión es clara: debe ayudar al hombre a alejarse del sufrimiento. Decide abandonar el lujo que le rodea, escapando una noche a caballo. Sin embargo, las verdaderas razones por las que Buda se atormenta interiormente, su lucha interna, se nos ocultan. Su vida cambia totalmente a partir de entonces. Abandona sus hermosas vestiduras, se rapa la cabeza y se viste ascéticamente. Se establece en un bosque y allí aprende las técnicas de la meditación y el autodominio. Seis años de dura mortificación están a punto de acabar con su vida. Desecha ese camino y reemprende la meditación a la sombra de una higuera, por espacio de 49 días. Durante ese tiempo intenta hallar respuesta al interrogante del sufrimiento. Pero antes ha de resistir los embates de la deidad infernal Mara que le ataca desatando huracanes y terremotos, en medio de los cuales danzan sus tres hijas: el deseo, el placer y la pasión. Pero Buda no se mueve. La propia tierra sale en su defensa y el asceta halla la clave de su meditación. De esta forma nos explica la leyenda lo que en realidad es una meditada remodelación de su alma. Tenía entonces 35 años. Vuelve con sus antiguos condiscípulos de meditación y les expone su primer sermón: La puesta en movimiento de la rueda de la ley. A partir de entonces, su comunidad se extiende por toda la India, aunque sus últimos años se ven oscurecidos por las luchas sectarias que promueven algunos de sus seguidores. Dotado de buen sentido y fortaleza física, su pensamiento es más bien intuitivo, y su carácter, amable. Persigue la consecución de un estado místico, nirvana, en el que, más que una trascendencia del alma después de la muerte, busca la liberación del dolor físico y moral. Muere en el año 483 a. C.

jueves, 8 de abril de 2010

Agustín de Hipona, San

(354-430), el más grande de los padres de la Iglesia y uno de los más eminentes doctores de la Iglesia occidental. Agustín nació el 13 de noviembre del año 354 en Tagaste, Numidia (hoy Souk-Ahras, Argelia). Su padre, Patricio (fallecido hacia el año 371), era un pagano (más tarde convertido al cristianismo), pero su madre, Mónica, era una devota cristiana que dedicó toda su vida a la conversión de su hijo, siendo canonizada por la Iglesia católica romana. Agustín se educó como retórico en las ciudades norteafricanas de Tagaste, Madaura y Cartago. Entre los 15 y los 30 años vivió con una mujer cartaginesa cuyo nombre se desconoce, con la que tuvo un hijo en el año 372 al que llamaron Adeodatus, que en latín significa regalo de Dios.

domingo, 28 de marzo de 2010

Tertuliano

(c. 160-220), primer escritor eclesiástico cristiano importante cuya obra, escrita en latín, destaca por su vigor, suave sarcasmo, expresión epigramática y espíritu aguerrido, así como por su hábil, aunque a veces engañoso, razonamiento. Quinto Séptimo Florente Tertuliano nació en Cartago, hijo de un centurión romano. Estudió Derecho y ejerció la profesión en Roma donde, entre 190 y 195, se convirtió a la fe cristiana. Visitó Grecia y quizá Asia Menor, y en 197 volvió a Cartago para contraer matrimonio y hacerse presbítero de la Iglesia. Hacia el año 207 llegó a ser la cabeza del montanismo, una secta que fomentó las profecías y practicó una rigurosa forma de ascetismo, cuyos miembros, en conflicto cada vez más abierto con las autoridades de la Iglesia, fueron a la postre declarados herejes. Celoso paladín del cristianismo, Tertuliano escribió numerosos tratados teológicos, de los que se conservan 31. En ellos defiende el cristianismo, refuta las herejías y analiza ciertos aspectos prácticos morales o de disciplina eclesiástica. Desde sus primeras obras sus opiniones sobre ética y disciplina, de riguroso ascetismo, fueron poco a poco endureciéndose y, tras adoptar las doctrinas montanistas, criticó con severidad a los cristianos ortodoxos. Si no hubiera abrazado la herejía sería uno de los más importantes Padres de la Iglesia, a quienes su obra influyó con intensidad, sobre todo a san Cipriano, así como a todos los teólogos cristianos occidentales. La Iglesia católica acepta muchas de sus obras como ortodoxas, incluyéndolas en la literatura patrística. Tertuliano fue un profundo conocedor de las literaturas griega y latina, tanto en su orientación pagana como cristiana, y es el primer escritor en latín que formula conceptos teológicos como la naturaleza de la Trinidad. Sin tener modelos en los que basarse, desarrolló una terminología derivada de varias fuentes, sobre todo las griegas y del vocabulario de los juristas romanos. La impronta legalista de este lenguaje teológico, por primera vez acuñado en Occidente, nunca se ha borrado. Su obra más famosa, Apologética (c. 197), es una defensa apasionada de los cristianos contra las acusaciones paganas de inmoralidad, ineficacia económica y subversión política. De sus tratados doctrinales destinados a refutar la herejía, el más importante es 'De los derechos de los herejes', donde argumenta que sólo la Iglesia tiene autoridad para declarar lo que es y lo que no es cristianismo ortodoxo. En otras obras se manifiesta en contra de los segundos matrimonios, exhorta a los cristianos a no asistir a los espectáculos públicos y aboga por la sencillez del vestido y los ayunos estrictos. Como todos los montanistas, sostuvo que los cristianos deberían aceptar la persecución sin huir de ella. Los historiadores cristianos valoran algunos de sus escritos, en especial Del bautismo y Sobre la oración, por la luz que arrojan acerca de las prácticas religiosas de la época.